El traficante, ya está visto, es considerado tan valiente como mujeriego. Gusta de compañía de las mujeres como de las armas mismas. Y en su medio sólo hay cabida para "hembras bellas". Ningún narcocorrido refiere que algún capo o traficante busque la compañía de mujeres poco agraciadas físicamente.
La mujer vista por el traficante es el prototipo de la mujer hermosa y fatal. Y no hay momento festivo en que no se busque la compañía de ellas:
La mujer, dicen los corridos, "ve dinero y se le van los ojos", pero sólo con ellas se "goza de los placeres". Ellas, son indispensables, los trabajos y aventuras del traficante no tendrían razón de ser sino hubiera de por medio una mujer bella. No obstante, la mujer, además de ser querida, también es temida. Y es que entre ellos se dicen que
"hay que tener cuidado, si una hembra se siente herida".
En otra vertiente respecto a la mujer, los narcocorridos señalan la existencia de mujeres traficantes, porque ellas también pueden, y quieren, y además, con una pistola en la mano ellas también son "re peligrosas"
La mujer también tiene su lugar activo en el negocio, aunque, a "ellos" les duela aceptarlo.
Si ellos son "machos", ellas son verdaderas "hembras" en el sentido cabal de la palabra, incluso son tan "bravas" y "perronas" como ellos lo pueden ser:
Ellas también matan y defienden la droga. Respetan las reglas del oficio. No tiene miedo a la muerte. Les gusta la emoción y el peligro. Cuando se enojan, esas "caritas hermosas se vuelven fieras".